24 noviembre, 2007

LÍMITES, 2007


ARÚSPICES

Un esclavo, tan sólo es un esclavo,
mas todo un rey parece por sus ropas:
todo rito requiere sus disfraces
como el amor requiere sus mentiras.
El recinto está puro, está dispuesto
el improvisado altar, la víctima.
Necesitas respuestas, dar un término
al mañana de un tiempo que no acaba.
Resolver el enigma no es tan fácil:
cuántos años la sangre de su pueblo
derramará el designio de los dioses,
cuál es el signo de la ira, cuál
la llave que clausure el odio, cuál
el hombre que al morir traerá la paz.
Los soldados insomnes, los cadáveres,
aguardan el dictado de las vísceras
espiando las sombras tras las lonas.
Un efebo sumiso trae la daga;
brilla el filo sagrado de su lengua.
Tu mirada sostiene la del ave,
su dolor, qué relámpago de hielo
cuando la hoja avanza por la carne.
Las alas desfallecen, sólo es hígado
el cuerpo que era libre una hora antes.
El arúspice se inclina ante la página:
las entrañas desvelan su poema
y es tu nombre su última palabra.


DÉJÀ VU

Insectos en el cristal.
Su abdomen arqueado contra el silencio o la vida.
Y en el lino. El calor los deposita donde cruje la pureza.
Cerrar ventanas. Los armarios.
Dar la espalda a la memoria del calor, de los nombres
que te muerden en las venas.
Hierve la sangre en el vacío. Tu corazón de polvo.
Y un insecto amortajado entre las páginas de un libro.


LUZ

Abrir la luz, este cuaderno
encerrado entre los párpados;
escuchar la voz del trigo y la amapola,
ser la sombra del jinete que callado
galopa en la memoria de los dedos.
Y cocer el pan, comer la carne
de tu dulce corazón de viaje,
beber de nuevo, con ternura,
la leche caliente del crepúsculo.
Atrás quedaron las sábanas del miedo,
su lecho devorado por la luna, el cerco
de palabras malheridas.
Es la mañana, mira, es la pintura
limpia y fresca en la pared.
Y es este ritmo.
Este bajo ostinato de los días.
Y esa luz.
Fragante como la palma abierta de una niña.


POEMA EN EL ESPEJO

Imagen de Tarkovski

Se la ve desperezándose despacio:
la carcoma complaciente de las horas.
Y el espejo en el que acabas por mirarte.
Brisa. Viento. Ramas yertas.
Las hojas secas que en su vuelo te hacen daño,
te rasgan la piel, sajándote la carne
con maestría, para que sientas las manos del invierno.
Ah, ese temblor de nieve dolorosa y pura
que es el aliento helado de un poema.
Y en la cándida pantalla una mujer
que se lava los cabellos, mientras muere poco a poco
con el agua, mientras brota la belleza
de su pelo, de aquel agua
que le arroya por la nuca, que le hiende
la cabeza, que le araña la vida con dulzura
como sólo el agua puede hacerlo.
Como sólo un poema –blanco y frío– sabe hacerlo:
esa aguja precisa del instante
en el azogue intacto de los años.


GAVIOTAS

Las gaviotas sobrevuelan en la tarde los tejados
atraídas por la leche abisal de los despojos.
Son cada vez más hábiles, más rudas, más voraces;
es su sangre la inclemencia de las olas tierra adentro.
La violencia de los días las aleja de la playa:
corren tiempos venturosos de miseria y de carroña.
Hoy es día de mercado. Hembras, plástico, desidia.
Los tenderetes gimen bajo su arquitectura escuálida.
En las calles las palomas comen pan envenenado
y se cobran las gaviotas su paz acre y sus cadáveres.
Hoy es día de mercado. Cada quien a sus monedas.
En qué ojos centellea la ciudad. El vertedero.


CIUDAD DEL NORTE

No tengo miedo ni esperanza.
ANTONIO GAMONEDA

Con rencor muda la piel esta ciudad del norte.
La cicuta del tiempo la sostiene y la asesina.
A su playa vacía ya no acuden las medusas
y el resto de habitantes apenas me conciernen.

La sal ardiente de la tarde caerá en otras heridas.
Contemplo el terso mar sin miedo ni esperanza.
Y este papel. Como un conjuro contra el amor y el duelo.


HORIZONTE

El horizonte. Arquitectura.
La línea que sostiene el aroma y la esperanza.
Respira tanto adiós delante de tu rostro.
Pero esa línea.
La dulce larva del regreso.

11 agosto, 2007

BREVERÍAS, 2007

.
Sólo bajo el cénit
estás solo; tu sombra
en tus antípodas.

En el desierto
la luna roba el agua.
La arena calla.

Son las hojas del arce
sangre en el río.
La acequia el corazón.

Cierra tu libro:
se extingue la luciérnaga,
el agua manda.

Kimono y algas
sobre la piel dormida.
Sueño de seda.

Mar y cielo se unen
en el ojo pirata:
esa línea es su dama.

Gato divino,
perfil de faraón:
tu reino un jeroglífico.

Se sacude la nieve
las pestañas y caen
estrellas frías, lágrimas.
La lluvia sólo sabe
llorar en los cristales.

Sed de amapolas;
las manos transparentes,
rojos los labios.

Imagina la mar
olas de flores,
hacerse tierra, dócil.

Ojo de gato:
la luz crece en tu espacio
cuando la noche.

Nace la luna.
Su luz mece las olas.
Duermen los peces.

Otea un ave
el horizonte; línea
en que posarse.

Hojas de otoño
suicidas en la tierra.
Dónde sus nombres.

Si viaja el sueño,
su norte está en los párpados.
Brújula íntima.

Tu reflejo devuelve
un rostro inverso.
Tú eres el otro.

17 mayo, 2006

ACCIÓN DE GRACIAS, 2006 (Selección)


POÉTICA

El enigma resuena
desde las mandíbulas feroces de la virgen.
PÍNDARO

Me revisto con la suprema autoridad
que da la ceremonia macerada por los siglos;
me cubro de una clámide impecable,
me sé perfecta incluso exánime
en el suelo
o cuando abierta,
receptiva,
en mi cátedra sagrada
me invade la total sabiduría de la tierra.
Nadie cuestiona mi palabra,
este verso mío tan confuso,
este veneno sublime que os ofrezco
en todo rito antes del campo de batalla.
Por eso me lees hoy, años más tarde,
y me lees pura, virgen y absoluta
igual que cada línea en que te miento,
enigma inmaculado cada libro.

JUNIO
La cancela gime su fulgor
de estaño. Más allá
la violencia amarilla de la tierra.
Araña frágil, muestra
en los hilos de su forja los trofeos
recaudados con instinto maternal,
los premios otorgados por el tiempo.
Como reses desolladas y pacientes
sudan los nombres, suspendidos, en sus ganchos,
exhalan el vapor, la grasa
de la orgía indiferente de las flores.
Junio puede ser una carnicería
llena de lirios, campanillas y maleza,
sangre seca del pasado, calor,
tal vez infancia.

MEDUSAS

Atardecer en Cortadura

La soledad del mundo era una playa.
Escucho a Haendel mientras es la bajamar
y una muchacha enciende un cigarrillo.
Fumar puede matar. Como otras muchas cosas.
Armida canta ajena a los brillos de la piel
sobre la arena. Su conjuro
carece de sentido. Igual que la lujuria
en esta playa: el bronceador
redime los pecados, los orígenes,
la mácula que viaja en todas las maletas.
Veo las manos, los cuchillos
aplicando las cremas protectoras.
Bajo el sol atronador hay sólo cuerpos solos
tendidos al color del mundo en esta playa.
El mar y el cielo están tan lejos,
son catástrofes que la belleza encubre.
Pietà. Almirena ruega. Un niño grita.
En la orilla, violeta y elegante, una medusa
le ha mordido.
Rio velen mi serpe in petto.
El niño se desploma entre la espuma. Solo.
La elástica medusa ya se ha ido,
se ha llevado su hermosura a otro lugar.
Decido trasladar mi cuerpo. Yo también.
Una toalla resplandece, abandonada, bajo el sol.
Quanto possente sei, bendato arciero.

TIEMPO LIBRE
Ausencia. O silencio.
Imposible convertir en piedra este vacío.
Se aburren mis ojos asesinos.

DESPERDICIOS

Adriano escribe y busca

El corazón no se asemeja a nada
que hayas visto anteriormente.
Es cuestión de reubicarlo, darle infancia,
una memoria, un rostro amable que evocar
cuando la última sonrisa de emergencia se endurece
contra el filo
de una copa.
Animula, vagula, blandula
recita tu cerebro con escoplo y con martillo,
y la esdrújula implacable lengua arroja
eles, sílabas y tildes
de pared en pared por este pozo
que albergó, en otro tiempo, sangre viva.
Hospes comesque corporis.
No recuerdas las horas precedentes al destierro,
qué falló,
qué secreto hizo mella en la cubierta
apacible y serena de aquel mundo.
Quae nunc abibis in loca.
Todo migra en dirección opuesta
hacia estancias reservadas al olvido.
Todo fluye, es necesario, río arriba,
hacia estancias primerizas
hacia estancias
despojadas
estancias
pallidula,
rigida,
nudula
.


TIRANÍA
Las horas son muy largas
y los cuchillos están ya sobre la mesa.
Hay tiempo.
Las horas largas son perfectas
para mostrar la cobardía, la vileza o el dolor.
Tus labios se han manchado con el poso
de la ira.
Comes mi carne blanca a dentelladas.
Eres divino en el comer.
Comes oscuro, concentrado e implacable
como el dios que se alimenta de la carne de su pueblo.
De nada sirve mi mirada azul,
azul como la tersa, eterna piel azul del mar.
Se llenan mis ojos de conchas y de arena,
miran mis ojos a través de los corales
tu boca coral que me devora sin esfuerzo.
Las horas son muy largas,
pero es el tiempo ya de los cuchillos,
después de las palabras y de la carne devorada,
después del viento helado de este invierno interminable.
Las horas son precisas,
talladas a la luz incandescente
del filo dulce
del cuchillo:
esa extraña forma del amor con que me matas.

Tal vez alguien piense en mí en este momento.

RUIDO

El mundo suena.
VASILI KANDINSKI

Suena el mundo
como suena la memoria
que aplaza el sueño con su ruido.

A veces es la noche
y el fulgor emboscado destila su bajeza.

Cual febril rayo de estiércol serpentea
contra el rostro cetrino de la luna,
ilumina este hospital siniestramente,
estas camas de campaña de la vida.

VELA
Tiembla el animal de cera eléctrica
cuarteando las sentencias y las flores.
Hay palabras azules que se hielan
que se estrellan
contra el muro silíceo de la noche.


La piedad nos vigila estrechamente.

ROSA PERFECTA

Besad, que ése era nuestro beso.
FERNANDO PESSOA

No acaba nunca el beso inaplazable
de los muertos que aman juntos el silencio.
Los dedos minerales se entrelazan.
Late la tierra,
o la carne que antes hubo, hemoglobina
un tiempo única,
radiante,
gozosamente profanada.
Siéntate lento al borde de estas ruinas.
Palpa sílabas, enigmas, sobre el mármol
que custodia tu cifrada semejanza.
Besa tu beso de limo
fugaz. Pronto la rosa de cristal
de tu saliva
será una obra perfecta, terminada.

NATURALEZA MUERTA, 2000 (Selección)


EL SOL O LA MUERTE
Vivo un cuerpo imposible de venas agotadas,
en el límite mismo de la sed
donde no hay agua. Soy
materia normativa de espectáculo,
piedra y cristal, madera y piedra,
sombra ritual en la ciudad ajena.

Es tan leve el sol, y está en su punto exacto.
No se mueve.
Los miradores estallan en animales áureos,
y siento morirse las calles al paso
febril de caballos con jinetes de polvo.

No hay limo latente que me empaste la mirada,
estos ojos de ceniza tan precisa,
esta ventana sinuosa extremidad de lo apacible.

Pero es dulce la gravidez del corazón
sobre la mesa.
Pero es terrible este fragor descomunal de lo vacío.

REMINISCENCIA


Conocer es recordar.
PLATÓN

Ardieron las calles
de adolescencia nocturna
a la sombra peligrosa de gardenias antiguas
y estatuas que entonces quisimos sólo en piedra.
Pues de rojo pintado innumerable
reverberaba la madera caliente en las aceras,
y la miel que se abrasaba
de laureles encendidos
nos ciñó la cabeza con infames derrotas.

Como bronce mártir, devorado
corazón y desorden redimido
volvimos ebrios
para siempre
del occidente impuro.

SIMBIOSIS


He is truly valiant that can wisely suffer.
SHAKESPEARE

El olor de la linaza
me trepa
cauto por la cerrada soledad;
estoy tendido, a oscuras, sin siquiera un
fuego
que me engañe.
Me sienta bien este vacío.

No quiero ver, no quiero
que me obligues
a insultarte por venir hasta mi cueva.
No quiero recordar
las promesas que anudé
con mil bellísimas pulseras, tantos
pórticos que abrí
con sólo hundir mis manos en el agua.

He dejado de crecer;
me prolongo hacia la tierra
y aprieto mis dedos en el sueño.
Tengo náusea,
me sublevo ante la piel
y la sangre.
Es tan lento el daño que me han hecho
que nunca me podré morir.

VÍSPERA DE NAXOS
Por instinto he renunciado a la dracma y al laurel
como a la calle oscura
donde está todo a punto de ocurrir.
Lo sé: me lanzarán mis versos cátaros
al rostro en cuanto toque tierra,
los mármoles en vilo arruinarán su gesto
sólo de verme,
y el dórico solemne señalará mi pluma
igual que se estremece ante la silla del tirano.
Pero mi envilecido escudo
merecerá su estrella en el misterio
de mi hermosísimo alfabeto,
y haré míos los cadáveres todos de la ciudad entera
tras el vino de Ismaro, y por fin
me cebaré sin duelo en tu naturaleza muerta,
y ganaré mi primera y última batalla en ti,
deshabitada flor, hetaira triste
que jamás me llegarás a ser Neobula.

EXPUESTA


El derecho natural nos enseña
a matar a nuestro prójimo.
VOLTAIRE

He abierto mis brazos;
mira: aguardo en cruz por ti
y todo está dispuesto.
Tus ojos me han fijado en el altar.
Aplícate. Derrama sobre mí las flores y la tierra de tu piel,
no omitas las libaciones precisas
y dame diez puñaladas certeras,
tal vez doce, no más.
Llévate mi vida,
pues eso es lo que quieres.

VERSIÓN DEL NILO


Canopo de Adriano en Tívoli

Y no había sol que iluminara
aquel dolor perfectamente construido,
y el agua era más turbia y tan pequeña,
y ni un solo cadáver
de los allí presentes
sintió la sed del vacío que ensalzabas.

GEOGRAFÍA
Sigo con el dedo los rastros de las rutas,
las simas, los límites
mutables infidentes de este imperio.
Avanzo por los cursos sangrantes
de este mapa –comarcales carreteras
de trazado bizantino-
y transito
los lugares de accidentes claramente señalados.

Me acompañas en el viaje,
a veces tú a veces otro,
a veces hombre,
mujer,
a veces monstruo,
y hundes con saña tus colmillos
en los valles, comes los frutos del jardín
de las Hespérides,
has enturbiado con enigmas los caudales
subterráneos.

No desdeñes esta hoja truncada
de este atlas;
no desdeñes este breve contorno y desastrado,
territorio mortal,
mi geografía.

WEIMAR 1900
Hoy por primer día hace niebla y silencio; después de tanto tiempo
sin sombrero,
a la intemperie,
hay calma en mi cabeza.
Quizá sea éste el momento de la hora blasfema, es más,
me gustaría
que lo fuera, por poder decir que he muerto
de manera honesta,
como siempre he envidiado en los demás que han muerto.
Sólo me preocupa dónde; dónde mis caballos, dónde
la guerra, dónde mi otoño
en mi Venecia, dónde yo y mi sombra y mi Tragedia:
¿cómo volverá mi alma a resurgir de estos sepulcros?

RECONCILIACIÓN

Parece
que no ha pasado la muerte por nosotros.
ÁNGEL GONZÁLEZ

En mitad de la lluvia
impensable
de los páramos
te siento en ocasiones,
sereno de naranjos y de lagos callados,
resguardado por la paz de tus dagas
sepultas.
Y aunque no piense que deba, te celebro
a los ojos de todos y sabiéndolo nadie,
con esto que ahora es sólo un verso,
un roce extinto,
un beso sutil, silencioso y tardío.

NEGACIÓN
Rechazar
el estigma feroz de la memoria,
los insectos que se ocultan en los pliegues.
Clausurar
la grieta sibilina
y los libros malditos; sofocar
el hálito candente
de la certeza versal y sin sentido.
No saber
siquiera
el minuto preciso del destierro.

LA VIDA NUEVA
La oblicua claridad incendia en ámbar
la columna latente, la
loba solícita, los símbolos
adustos de la dicha dilatada.
La noche se me hace de alabastro derramado
sobre el capricho
de metales, sobre el sándalo
insistente de tantas alacenas.
Y a pesar de los rincones
y del equipaje anciano
todo es un presagio
tenue
de la vida nueva.